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CATA_ TUMBO

DESDE MI TRINCHERA

POR ADOLFO LEON OLIVEROS TASCON

CATA-TUMBO

Las protestas en la región del Catatumbo, conformada por los Municipios de El Carmen, Convención, Teorama, San Calixto, El Tarra y Tibú, que cuentan con una población aproximada de 106.452 habitantes, se ha convertido en una papa caliente para el Gobierno Nacional, por una pésima lectura de lo que allí acontece, que es el reflejo de lo que está sucediendo en todo el País. Se sabe que hemos caído en la peor deformación del sistema democrático, donde sectores minoritarios de la población han secuestrado al Estado, para satisfacer sus propios intereses dejando de lado las aspiraciones y reivindicaciones de las grandes mayorías condenadas a la pobreza y al abandono. Comunidades que hoy se pronuncian.

Para ubicar la causa de todo este despelote social podemos inicialmente invocar al filósofo griego  Aristóteles quien identificó al precedente como causa de todas las causas, siendo lo primero entonces, indagar sobre lo que hemos venido viviendo en los últimos años en Colombia en materia de representación popular, que teóricamente se materializa en los voceros, que por mandato constitucional, tiene el pueblo en el Congreso de la República, las Asambleas Departamentales, los concejos Municipales, los cargos de elección popular, de Presidente para abajo.

Desde la implementación de la constitución de 1991 en Colombia, el ESTADO ha sido capturado por distintas mafias, entre ellas la de la Parapolítica, la del narcotráfico y últimamente la de la contratación pública, donde funciona la perversa ecuación: contratista – contrato estatal- político,  girando todo en torno a quien se le entregan los recursos públicos por medio de la contratación administrativa. No en vano la Contralora Sandra Morelli afirma que sesenta (60) contratistas son dueños del 50% del total de la contratación en Colombia.

Este esquema malevo se mueve sobre la base de que el contratista financia a los políticos para que accedan a los cargos de elección popular, imponiendo la obvia condición de retornar los dineros, con las tasas de rendimiento acordadas, siendo el político esclavo de dicho compromiso, en un proceso que se repite cada cuatro años, utilizando como estrategia la compraventa de votos, por ser una práctica que  deja sin obligaciones al elegido con las comunidades que votan, y poder dedicarse tiempo completo a cumplirle a los contratistas o a futuros contratistas.

En esta ruleta demoniaca, el pueblo pierde su legítimo derecho a exigir resultados a quienes se llevaron sus votos, acumulando, día a día, frustraciones, que al cabo de unos pocos años, producen el efecto devastador de las iras contenidas. Los sucesos del Catatumbo son un reflejo fiel de la falta de representación de esa importante región, que hoy no creen ni siquiera en el bien intencionado Angelino garzón, prefiriendo arriesgarse al desgaste del tiempo y a que el Gobierno opte por el camino irreversible de la violencia.

El Gobierno del Presidente Santos, contrario a lo que escriben y dicen sus detractores, ha entendido que la protesta social que se viene presentando en todo el país, es consecuencia de la contratocracia que se  ha apoderado de  los espacios que por Ley le corresponden al pueblo. Acuño esta expresión con la certeza de que es necesario que el País despierte y piense que esto no puede seguir así. Si los recursos públicos son sagrados, no se puede aceptar que los corruptos se embolsillen anualmente 20 billones de pesos, que son del tesoro nacional. Es necesario separar el ejercicio de la política de cualquier injerencia en la adjudicación de contratos, evitando que en nuestra Patria  el 70% de los contratos se concedan de manera directa, sin que exista Procurador que se pronuncie. Por algo un ex congresista decía que era mejor coger una Alcaldía de cualquier pueblo que mandar coca a los Estados Unidos.

El Presidente de la República sabe que la protesta nace por causas objetivas (pobreza, marginamiento, violencia), y que en medio del inconformismo, aparecen siempre oportunistas que quieren aprovechar la coyuntura, aplicando el viejo adagio “rio revuelto ganancia de pescadores”. Pero esta situación no demerita ni descalifica la protesta, pues la causa o causas no son inventadas.

 

 

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