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El Legado de Gabo

DESDE MI TRINCHERA

POR ADOLFO LEON OLIVEROS TASCON

EL LEGADO DE GABO

Para los que crecimos aprendiendo a leer con las novelas de Gabriel García Márquez (Cien años de Soledad, El Coronel no tiene quien le escriba, La Hojarasca, Noticia de un secuestro, El General en su Laberinto, Otoño del Patriarca, El amor en los tiempos del Cólera, Crónica de una muerte anunciada, etc.), indiscutiblemente experimentamos un inmenso vacío por la pérdida del  ídolo y héroe. Se sabía de los quebrantos de salud que padecía el Nobel, pero siempre albergamos la esperanza de que nos sorprendiera con un nuevo texto literario (Vivir para contarla, 2002, memoria de mis putas tristes, 2004), e inclusive la biografía autorizada de Gabo, escrita  por Gerald Martin, autor Inglés, que logró una esquiva “confesión” del hijo de Aracataca.

Más allá de ese reconocimiento literario que le rinde el mundo en su memoria, con la lamentable excepción de algunos apátridas que viven con el corazón envenenado y sembrando odios por doquier, aprovecho este corto espacio para destacar la importancia de GABO como representante de los sectores populares, especialmente de la clase trabajadora: obreros y campesinos. A García Márquez le sucedió lo contrario de lo que la mayoría de los mortales soñamos: El poder lo busco a él. Es impresionante como a lo largo de su fructífera vida intelectual, logro cultivar y mantener la amistad de personajes tan importantes y disimiles como Fidel Castro, François Mitterrand, Felipe González, Bill Clinton, Barack  Obama, Hugo Chaves, Cesar Gaviria, Fernando Henrique Cardozo, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón, Vicente Fox, Nelson Mandela, y otros,  lo que le sirvió para darles consejos en decisiones difíciles en materia de políticas públicas, que de una u otra manera pudieran afectar al pueblo: Siempre con su voz, abogando por los más débiles y desvalidos.

Como era de esperarse, sectores de extrema derecha miraron con recelo y porque no decirlo, con envidia,  el prestigio que se ganó por sí mismo,  lo que los convirtieron en denigradores gratuitos del Nobel, atreviéndose a catalogarlo de marxista y de amigo de la guerrilla, calumnia que el 99.9% de la población Colombiana jamás creyó y mucho menos va a creer. No es de extrañar entonces que aparezcan personajes como la recién elegida Senadora por el movimiento de Álvaro Uribe, una señora llamada María Fernanda Cabal, que víctima de su ignorancia y odio de clase, salga a irrespetar la memoria del hombre que hizo que a nuestra Patria la respetaran y reconocieran  en el exterior  por el talento magistral y no por hechos delictuosos.

No deja de producir preocupación que ciudadanos  que ostentan las más altas dignidades del Estado incurran en semejantes desatinos desafiando a toda la sociedad, con el manido argumento de la libertad de expresión, cuando se sabe que ésta tiene como límite la representación que confiere el cargo.

En conclusión, los colombianos no solamente perdimos al más grande exponente de la literatura Universal en el siglo XX y lo corrido del XXI, sino que también quedamos  huérfanos, de quien con su sapiencia, supo dar buenos consejos a los gobernantes, tentados siempre por el poder y las dadivas  que ofrecen los poderosos, llámense monopolios, multinacionales o transnacionales. Sobra decir que para GABO la paz era el Estado ideal que siempre soñó.

 

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