pena de muerte o castración

DESDE MI TRINCHERA

POR. ADOLFO LEON OLIVEROS TASCON

PENA DE MUERTE O CASTRACION 

El pasado 24 de mayo, fue asesinada en Bogotá, en el parque Nacional, la señora Rosa Elvira Cely, una humilde mujer dedicada a las ventas ambulantes, y al mismo tiempo estudiante de un Colegio Nocturno. Lo impresionante de este caso, es que la mujer fue violada y torturada, al parecer, por un  compañero de estudio, un sujeto identificado como Javier Velasco, quien registraba antecedentes por los mismos delitos, y peor aún, tenía pendiente una orden de captura. La forma como se desarrollaron los hechos indica que en el crimen participó, al menos otro delincuente.

A raíz de este espeluznante evento se han dado a conocer cifras escandalosas de violaciones, lesiones personales y asesinatos de mujeres, que se vienen presentando a diario en nuestro País, con el agravante de que en la mayoría de las veces, nos encontramos con reincidentes. La pregunta que surge para la sociedad y obviamente para el Estado, es que vamos a hacer para defendernos de estos monstruos, que está demostrado, es imposible resocializar por los métodos tradicionales  de represión (cárcel, penitenciaria, trabajos en colonias, etc).

En algunos países de Europa (Noruega, Finlandia, Dinamarca), se ha planteado la castración química para los violadores, lo que significa que a partir del suministro de algunos medicamentos se logre bloquear la libido de estas fieras, medida que se toma sobre la base de que el móvil de los crímenes es la desaforada producción de testosterona. Pienso que la solución no resuelve el problema puesto que existen motivaciones más allá de la “naturaleza” que impulsan estas conductas, como son las aberraciones, las sicopatías, que no terminan con la supresión del funcionamiento testicular. En el caso de Rosa Elvira, los asesinos, no solamente la violaron, sino que la torturaron, la golpearon con el casco de la moto y la empalaron. Recordemos también el caso de Garavito quien de manera infame cautivaba a sus víctimas (niños), los violaba y asesinaba.

Estoy convencido que la única solución real para acabar con el flagelo es imponer la pena de muerte para estos depravados, asumiendo el debate de frente a la sociedad, sin tapujos, sin pseudos conceptos filosóficos sobre el derecho a la vida.

Sociedades como la Norteamericana, la China, afrontan a diario, voces a favor y en contra de la pena de muerte, con argumentos, como el derecho de resocialización, de recuperación, todos pensando en el victimario, dejando de lado a la víctima, a su familia y a la misma sociedad. El ofendido en este tipo de delitos es la comunidad, es el País, que contempla con horror como tipos como Javier Velasco, delincuentes condenados por hechos similares, con orden de captura vigente, se paseen alegremente por los sitios donde indefensas mujeres, acuden a procurarse un ingreso decente y a mejorar sus competencias laborales a partir de la capacitación.

El estado tiene la obligación de garantizar la cohesión social impidiendo que los responsables de delitos atroces, como violación, tortura y asesinato, puedan repetir, condición sine quanon para evitar fenómenos como la venganza directa de las víctimas o  de terceros. Si el Estado no puede evitar que delincuentes como Javier Velasco, condenado varias veces por delitos similares, sigan causando daños irreparables a ciudadanos inocentes, la sociedad tiene derecho a exigir, vía referéndum, la reforma de la Constitución, para imponer la pena de muerte.

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